Obedecer a las autoridades sin apoyar la injusticia
Hoy
en día da mucha tristeza ver cómo muchas personas que se autodenominan
cristianas apoyan tanta suciedad dentro de la política.
En
Romanos 13:1–7 se nos dice: “Toda persona esté sujeta a las autoridades
superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por
Dios han sido establecidas”.
Es
cierto que en la Biblia se establece que debemos obedecer a las autoridades.
Este
pasaje indica que el gobierno es una institución permitida por Dios y que
cumple propósitos legítimos dentro del orden social.
Sin
embargo, también debe existir una clara distinción entre el respeto a la
autoridad y el apoyo a la corrupción.//Es
decir, si una persona es corrupta en su vida personal, es muy probable que como
gobernante sea aún peor.
Entonces
surge una pregunta importante: como cristianos, ¿debemos apoyar a cualquier
gobernante sin importar su conducta? La respuesta es no.
No se
puede ni se debe apoyar a un funcionario corrupto o a alguien que practica el
mal, porque hacerlo sería, en cierta forma, respaldar la injusticia.
Por
otro lado, la Biblia también nos enseña cuál debe ser nuestra actitud hacia las
autoridades.
En 1
Timoteo 2:1–2 se nos exhorta: “Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas,
oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los
reyes y por todos los que están en eminencia”.
Esto
nos muestra que debemos orar por quienes gobiernan, para que puedan ejercer su
función con sabiduría y justicia.
Asimismo,
Proverbios 29:2 declara: “Cuando los justos dominan, el pueblo se alegra; mas
cuando domina el impío, el pueblo gime”.
Este
versículo nos deja claro que es beneficioso para la sociedad cuando personas
justas ocupan posiciones de autoridad.
La
misma Biblia nos da ejemplos de personas que sirvieron en gobiernos sin
abandonar su fe.
Daniel
sirvió en gobiernos paganos manteniendo su fidelidad a Dios.
José
administró Egipto bajo el faraón y fue usado por Dios para salvar muchas vidas.
Nehemías
fue copero del rey y posteriormente gobernador, y utilizó su posición para
reconstruir Jerusalén.
Ester,
por su parte, usó su posición como reina para proteger a su pueblo.
Sin
embargo, también debemos recordar algo importante que dijo Jesús: “Mi reino no
es de este mundo” (Juan 18:36).
Esto
significa que el reino de nuestro Señor Jesucristo trasciende los sistemas
políticos terrenales.
Además,
Jesús advirtió: “No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24).
Este
principio nos recuerda que no debemos dividir nuestra lealtad ni permitir que
el poder, el dinero o la política ocupen el lugar que solo le pertenece a Dios.
La
Escritura no prohíbe la participación en la vida pública o política, pero sí
establece que todo debe hacerse bajo principios cristianos, manteniendo siempre
a Dios como autoridad suprema y utilizando cualquier posición para servir
conforme a su voluntad.
Por
esta razón, es importante tener cuidado de no idolatrar a líderes o partidos
políticos.
/Un cristiano debe mantener su fe y su conciencia por encima de cualquier ideología, evitando apoyar la corrupción o justificar acciones injustas simplemente por lealtad política.
vivificando el espíritu
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