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Obedecer a las autoridades sin apoyar la injusticia

Hoy en día da mucha tristeza ver cómo muchas personas que se autodenominan cristianas apoyan tanta suciedad dentro de la política. Es cierto que en la Biblia se establece que debemos obedecer a las autoridades. En Romanos 13:1–7 se nos dice: “Toda persona esté sujeta a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas”. Este pasaje indica que el gobierno es una institución permitida por Dios y que cumple propósitos legítimos dentro del orden social. Sin embargo, también debe existir una clara distinción entre el respeto a la autoridad y el apoyo a la corrupción.// Es decir, si una persona es corrupta en su vida personal, es muy probable que como gobernante sea aún peor. Entonces surge una pregunta importante: como cristianos, ¿debemos apoyar a cualquier gobernante sin importar su conducta? La respuesta es no. No se puede ni se debe apoyar a un funcionario corrupto o a alguien que practica el mal, porque hacerlo serí...

¿Soy realmente cristiano? La urgencia de la formación interior

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vivificando el espíritu Existe un cuestionamiento cada vez más notable que, con el tiempo, se ha convertido en una pregunta retórica recurrente.  Muchos consideran que este planteamiento es una recriminación contra el cristianismo y que, por ello, no se nos concede el lugar que —según nuestra propia percepción— merecemos. Sin embargo, la realidad es que existen razones claras para este cuestionamiento, razones que, en muchos casos, quienes nos identificamos como cristianos no estamos percibiendo o no queremos reconocer. Este cuestionamiento no surgió de manera repentina. Se fue gestando de forma silenciosa, progresiva, hasta colocarnos en la situación actual: una en la que el cristianismo es fuertemente cuestionado, no tanto por sus fundamentos, sino por un criterio banal y superficial proveniente de quienes se autodenominan cristianos. La retórica es tan evidente como los hechos que la respaldan, y esto nos conduce inevitablemente a una pregunta profundamente necesaria: ¿soy realm...